La fe en los fines de semana

Cuando toca la última campana los viernes, los alumnos se escurren por los pasillos con una sonrisa muy particular.  Los maestros suspiramos de alegría y pensamos en lo que tendremos que calificar y cuanto podremos descansar, por lo menos a mí así me pasa, mientras otros desde sus cubículos en la oficina piensan en citas, fiestas, reuniones, comidas en sábado, comidas en domingo, el cine, el parque, o simplemente en el cómodo sillón con la tv y el contenido de elección.  Pero todos, de forma consciente o inconsciente, pensamos en el cambio que traerá el fin de semana.

La semana es un ciclo que nace y muere para volver a nacer el siguiente lunes. El día tiene una vida más corta pero funciona de manera parecida. Se trabaja/estudia durante un periodo de éste y se llega a descansar o realizar la actividad placentera. Así como la semana vuelve a iniciar, el día también. Si agrandamos la escala, el año funciona parecidamente, sin embargo, un año es más como uno de los tantos pináculos que habrán en nuestras vidas.

Dejando esto claro podemos pensar el efecto que estos ciclos tienen sobre el ser humano. Empezando por el menor, que es el día, podemos ver como cada mañana despertamos con un cierto grado de esperanza acerca de que traerá el nuevo día.  Y es precisamente esta motivación la que nos mueve y nos permite ser constantes en la vida porque al final no es más que una promesa a corto plazo de mejores tiempos.

Y es ahí donde creo que estos ciclos se tornan peligrosos. Esperamos ese cambio que nosotros muchas veces no somos capaces de realizar y lo dejamos en las manos del destino, del fin de semana, para así convertirnos en seres totalmente reactivos. Es curioso como mucha de la gente (especialmente en el sector oficinista) el concepto de relajación y descanso que tienen, es ir a bares, antros o reuniones sociales en donde la música es estridente, las conversaciones una presión social y el modelo de conducta esta muy relacionado a la bebida. Es totalmente contradictorio pero a la vez sumamente lógico porque lo que estas personas buscan en esos bares y antros, es que se cumplan, de manera externa, esas expectativas que los días de la semana no llenaron. Encontrar una pareja, ya sea sexual o para algo formal, encontrar admiración e incluso se busca de alguna forma un éxito que no se vea reflejado en el trabajo.

El derroche de dinero que mantienen a este tipo de lugares proviene de una necesidad muy profunda por encontrar en lo efímero de la “fiesta”  los permanente de lo “espiritual”. Para el domingo, muchos estarán crudos y vacíos, preguntándose porque están vacíos o jurando no volver a tomar de esa manera. Por eso el ciclo se convierte en algo tan peligroso. El fin de semana genera un nivel tan alto de expectativas que la persona hará lo posible por cumplirla y para cuando llegue el domingo y vea que en su vida no ocurrió ese milagro el vacío/depresión es inevitable. Llega el lunes y el ciclo se reinicia con la esperanza de que este nuevo fin de semana sea el que cambié nuestras vidas.

Las mismas canciones pop románticas lo revelan de manera muy inocente. Las letras están repletas de ” hoy es la noche”, “hoy todo puede suceder” “una noche de esto y el otro” etc. Claro que no solo tiene que ser romántico.   La generación de expectativas es un abanico muy amplio y hay cabida para de todo tipo.  Lo importante, creo yo, es reconocer el patrón y saber romper con él.  El lugar para crecer, para desarrollarse como persona es aquí, es ahora.  Los factores externos son tan confiables como las predicciones de un chaman; por mucho que fallen, algunos tienen en ellas una Fe absoluta.  Nos pasa igual.

¿Como sería un lunes sin expectativas?  Ojo, no me refiero a que no se deban de tener, al contrario, pero deben estar fundamentadas en algo tangible y controlable por nosotros.  ¿O a que sabrá un domingo de plenitud? Estoy seguro que algunos muchos lo saben, pero la gran mayoría (me incluyo), no.  Insisto,  por eso debemos identificar el patrón y desmantelarlo. Quizá, si dejamos nuestras vidas, en nuestras propias manos, los lunes serán lo mismo que un sábado, o un martes; una oportunidad para disfrutar la vida y encontrar plenitud.

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