El cadáver

Espumosa culpa, devenir de mis lamentos

Juego a esconderme en un campo abierto.  Tirado, saco mis venas a secarse con el viento.  Mi sangre coagulada mi único sustento.

No me quiero devorar pero tanto amor me envenena.  Arriba bailan los buitres al danzón de mis espasmos.

Mis pupilas se voltean, le huyen al baile macabro de estas aves que me traen mis recuerdos.

Las nubes se estrenan como telón, mi cuerpo se combustiona.  Mi corazón se cuece en su propio fuego. Donde deben estar las cicatrizes están las heridas las cuales sangran desde mis inexistentes vidas.

Mia labios lloran en seco por recordar el sabor del deseo.  Las piernas quebrantadas de tanto suplicar yacen inmóviles a la espera de un milagro.

Y mientras tanto mi alma se desprende a través de las grietas de mi ser dejando atrás el cadáver de un maldito enamorado.

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